La trampa del éxito

Post por: NM

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, conmemorado el 8 de Marzo de cada año, nos invita a reflexionar en torno a nuestro papel en los espacios laborales. En Vita Activa, conjugamos ese rol con nuestra salud mental, para hackear las violencias y compartir consejos para cuidarnos en colectivo. #Noestamossolas.

Cada nuevo espacio que ocupamos en la historia como mujeres e identidades LGBTIQ+, llegó con mandatos basados en el género.

El trabajo no fue la excepción, que además se sumó a  las tareas domésticas y de cuidados, históricamente feminizadas por la división sexual del trabajo. Poco después, se añadieron también las horas de estudio en la escuela y la universidad, cuando las compañeras de la primera ola lograron uno de sus objetivos principales.

Estos lugares de intervención se fueron ampliando para nosotras, y también acumulando. En los primeros siglos del capitalismo, se incorporó la noción del éxito al trabajo, que moldeó esta actividad que tendría que ver en principio con la subsistencia, hasta acercarlo al desarrollo personal.

¿Qué significa realmente el éxito y para qué sirve?

Al preguntarle a cualquier persona del mundo, probablemente la respuesta sería distinta. Parece que el éxito tiene un significado personal para cada quien, dependiendo de su contexto, deseos y necesidades. Sin embargo, su raíz del latín habla de “avance” y también de “llegada”. ¿Llegar?, ¿a dónde?

Sea cual sea el punto de llegada, la meritocracia capacitista unifica la receta: esfuerzo, título universitario, esfuerzo, familia feliz, esfuerzo, trabajo ideal, esfuerzo, cuerpo hegemónico. El éxito es la recompensa del esfuerzo, independientemente del contexto, género u origen, porque según la lógica capitalista: en la libertad del libre mercado, toda persona libre puede alcanzar el éxito.

En el siglo XXI, el modelo de éxito occidental es una mujer jóven, universitaria o profesional, jefa o trabajadora destacada, involucrada en política y en la sociedad, madre comprometida, ama de casa ejemplar y, por supuesto, flaca, espléndida, maquillada y con una sonrisa fresca. Todo junto, claro, porque citando al filósofo y ensayista surcoreano Byung Chul-Han, el verbo “poder” (poder hacerlo todo) es el que rige la sociedad actual, y ya no el “deber”.

La angustia que genera el “no poder”, bajo completa responsabilidad individual y sin asumir que el sistema no está preparado para que todes puedan, es general a la humanidad. Sin embargo, para las mujeres y personas LGBTIQ+, esta “presión por el rendimiento” de la que habla Byung Chul-Han, es mayor: se espera más de nosotras en cada uno de los ámbitos que ocupamos, con menos tiempo y pausas. Esta combinación nos hace más propensas a desarrollar estrés crónico y a alejarnos del ideal del éxito.

¿Cómo afecta esto nuestra salud mental?

Imaginemos esta escena. Una mujer friega el suelo de la casa que alquila, mientras sostiene a une bebé en sus brazos. De fondo se oye un Zoom laboral que exige su atención y también el televisor prendido, que observan madre e hije. Allí, una mujer protagoniza una publicidad de tampones o toallitas, donde se la ve haciendo múltiples tareas, para luego mirar a cámara y decir: “Yo puedo con todo, ¿y tú?”.

No, yo no puedo con todo. Entonces, ¿soy un fracaso? La angustia que sienten las mujeres y personas LGBTIQ+ al no poder alcanzar los estándares inalcanzables y capacitistas es un problema político, que puede manifestarse en depresión, ansiedad y otros síntomas para exteriorizar lo que todes sabemos: nadie puede con todo y nadie parte del mismo lugar.

No sólo el llamado “fracaso” produce estos efectos porque, de hecho, en la sociedad del éxito, llegar puede ser tan decepcionante como no hacerlo. Quienes alcanzan ese objetivo que creían la victoria, que puede ser un trabajo, una casa, una relación, entre otros múltiples hechos según el contexto cultural, encuentran que lo que sigue es más explotación. Y eso puede desgastar incluso lo que nos gusta hacer, o lo que nos hace sentir bien.

El éxito, al final, parece ser no sucumbir a la trampa del éxito. Algunas preguntas y tips para deconstruir el éxito pueden ser:

  • ¡Ejerce resistencia con una siesta! Si el objetivo del capitalismo es que las personas produzcamos hasta vaciarnos y luego desecharnos, entonces la resistencia puede ser llevar nuestras tareas de producción junto con descansos y vacíos que nos permitan recuperarnos. 
  • Atrévete a cuestionar el mandato de éxito en tu contexto. Si quitamos el punto de llegada y, en su lugar, le damos un sentido de “camino” a esta palabra, pregúntate: ¿qué guía tus pasos?, ¿cómo caminas este camino?
  • Confía en tu proceso. En contraste con el intento homologador y capacitista del sistema, nuestro proceso personal para asimilar y encontrar nuestro punto de intervención en la realidad demuestra que cada persona es un mundo. 
  • Define tus propias categorías de bienestar. Encontrar nuestras necesidades para estar bien es una etapa clave al reconocernos, y es allí donde encontraremos el punto de llegada. No hay una receta universal: para cada quien, lo que necesita.
  • Apóyate en tus compañeras. Contrario al mandato individualista, cada vez está más claro que ninguna persona se salva sola. En las buenas y en las malas, recuerda que eres parte de un colectivo, que enfrenta esta misma problemática desde toda su diversidad. No estás sola.

Referencias:

Chul-Han Byung, La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, (2012).

Derecho a ser mi prioridad


En los últimos dos meses dos deportistas profesionales; Naomi Osaka y Simone Biles pusieron el tema de la importancia de la salud mental sobre la mesa. Simon Biles es considerada la mejor gimnasta de la historia y decidió no seguir participando en los juegos olímpicos, porque quería concentrarse en su salud mental. Naomi Osaka es la tenista número dos del mundo, tomó la decisión de retirarse de un torneo de tenis hace dos meses atrás por la misma razón. 


Simone Biles y Naomi Osaka nos recordaron que: 

  • Podemos decir no, aunque estemos frente a una gran oportunidad si no nos sentimos en condiciones para hacerlo.  
  • Podemos decir no a cosas que nos causan malestar.
  • Tenemos derecho a decir no, aunque existan muchas expectativas sobre nosotras y se espera que actuemos de alguna manera en específico. 
  • Ser nuestra prioridad significa proteger nuestra mente y nuestros cuerpos aunque todo el mundo espere lo contrario. 
  • Se puede hacer una pausa, o muchas pausas, detenerse está bien.  
  • Reconocer que necesitamos espacio para sanar es una medida transgresora de autocuidado porque nadie espera que lo hagamos. 
  • Somos humanes, no somos perfectes ni somos robots. 
  • Nuestros sentires son más importantes que todas las expectativas que ponen sobre nosotres.  
  • No tenemos por qué complacer a los demás si no queremos. 
  • Tenemos derecho a priorizar nuestro bienestar.
  • Nuestra salud mental debe ser tratada con prioridad. Es urgente, hoy y siempre. 

Texto LMR

Ilustraciones PP